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No pretender escribir la carta de los reyes magos, pero, sí trataré de expresar -en líneas-, el (hasta pronto), de un ser humano completamente diferente al resto. Apovechando que me dan la oportunidad de escribirla a través de esta fuente, la he querido titular así:

Querido Petar Majkic:
Para muchos el resultado final de cada modalidad deportiva es el valor humano con la que se concluye dicha actividad. Tal es así, que muchos deportistas se permiten el placer de definir dicho valor humano como; La Familia.
En ocasiones cuesta creerlo cuando nos damos cuenta de la realidad del planeta en el que vivimos. Un mundo, en ocasiones, falso y tan irreal como lo primero.

Difícil es, hacer un recorrido por la estancia de cualquier persona lejos de sus islas, y no redactar un roce o leve problema, y luego, estás tú; Petar Majkic.
Si existe un problema, no hay temor alguna, llegas tu y con tu particular forma de ser, tu humildad, elocuencia y brillante sonrisa lo solucionas todo.

De manera egoísta, me expreso en estas líneas hacia ti, ya que siento la necesidad de hacerlo. Creo, que lo haría a pocos deportistas que pueda conocer o, llegar a conocer.
Tuve el placer de conducir y dirigir la última entrevista de radio en tu estancia en la isla. Tragabamos nudos, que se me hacía pesado verlos. Con una mirada perdida, dabas a entender que tu corazón sufría con lo que a pocos horas de aquel lunes (18 Diciembre 2017), tenía que aguantar, que era la salida desde Los Rodeos rumbo a casa, donde te esperan tus familiares y amigos de tu infancia.

El día que me comunican desde el Club Deportivo Marino el interés para formar parte del departamento de comunicación, me llenó de ilusión y alegría, ya que, entre otras cosas, podía poder ser amigo de aquel que también hablan en mi bendito sur de Tenerife, Petar Majkic.

No olvidaré, nunca, cada rato, cada palabra y las dimensiones de tu eterna sonrisa. Espero que la vida, te trate como tu tratas a los humanos.
Mi amigo, de alma “balcánica” pero de corazón “chicharrero”, solo me queda decirte la última frase:
“El día que tengas un hijo, le pones tu nombre y le inculcas tus valores”

Hasta siempre, amigo
Badayco Magdaleno